
Pacientemente vaciaban el cuerpo, luego ponían el contenido en vasijas, al lado del féretro, pues creían en la resurrección.
Ahora se hace algo parecido, sobre todo en los países del norte, se embalsama gente, les drenan las vísceras, los fluídos se los cambian por otros, los llenan de plástico, algodones, los maquillan, enmasillan como a los autos y los colocan a la vista de familiares y allegados.
¿Qué es lo que están velando? Es más el peso de lo que termina en el drenaje y la cloaca sin elegancia ni consideraciones de lo que queda en exhibición.
Velan una cáscara. Un montón de productos sintéticos que emulan un alguien que no está ni volverá a estar jamás.
El ritual mortuorio es para los deudos, dicen, no para el que ya no está.
Pero eso los deudos no lo saben, suponen que honran al muerto.
Cuando pagan la parcela todos los meses siguen pensando lo mismo.
Cuando pagan con flores irreversibles deudas imaginadas también.
Yo por suerte me di cuenta antes.
No te preocupes.
A estas alturas mis cenizas están desperdigadas por las calles de la ciudad.
Nada poético.
No cuentas por pagar.
Para visitarme habrás de recordarme simplemente, en cualquier momento, en cualquier lugar.
Mi legado.
Tu premio.
Tu castigo.





